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Inclusión con nombre y apellidos: la mirada humana en el Proyecto de Inclusión Sociolaboral
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Desde Oretania Ciudad Real, Judith Jiménez lidera un proyecto que acompaña a personas con discapacidad no solo a encontrar empleo, sino a recuperar su confianza y su lugar en la sociedad.
Hoy hablamos con Judith Jiménez, coordinadora del Servicio de Inclusión Sociolaboral de Oretania Ciudad Real. Con más de 30 años de experiencia, la entidad desarrolla una iniciativa integral que ha sido diseñada específicamente para mejorar la empleabilidad de las personas con discapacidad física, orgánica y sensorial. La clave del éxito de este proyecto es la pasión del equipo por combatir el desempleo e incorporar a las personas con discapacidad al mercado laboral.
En un despacho donde se cruzan currículums, historias de vida y segundas oportunidades, Judith habla de empleo, pero sobre todo habla de personas. Su voz no suena a cifras ni a estadísticas, sino a experiencia vivida, a acompañamiento y a convicción profunda en algo que repite casi como un lema: el talento no entiende de etiquetas.
Para Judith, el empleo no es solo una meta económica, sino una herramienta de dignidad. Lo ha visto de cerca desde el inicio de su trayectoria, cuando comenzó ‘a pie de calle’, escuchando historias marcadas por la frustración, el aislamiento o el miedo. Ese contacto directo, reconoce, fue el que moldeó su manera de entender la inclusión de las personas con discapacidad: “Antes podía verlo desde la ayuda; ahora lo veo desde el reconocimiento”.
El proyecto que lleva a cabo el Servicio de Inclusión Sociolaboral se basa en la creación de itinerarios personalizados que incluyen la orientación laboral, la formación en habilidades sociales y laborales, y el acompañamiento en la búsqueda activa de empleo. ¿El objetivo? Mejorar la situación de desempleo o la búsqueda de mejores situaciones laborales de las personas con discapacidad en la provincia de Ciudad Real.
Las barreras estructurales del mercado laboral, la baja empleabilidad entre las personas con discapacidad y el aislamiento social que esto provoca, conforman la brecha principal que el equipo de Oretania Ciudad Real debe enfrentar cada día. Las dificultades y los prejuicios siguen existiendo en las empresas a la hora de adaptar los puestos de trabajo, a esto se suman los miedos del colectivo que requieren de un entrenamiento previo en competencias transversales y digitales antes de enfrentarse a una entrevista. Conseguir un puesto de trabajo alivia esta situación contribuyendo, además, a una participación activa en la comunidad.
Un proyecto único
Como destaca Judith, lo que hace “único” este proyecto es el enfoque de “traje a medida” que se realiza. Se trata de un trabajo continuo con las empresas en el que el discurso ha evolucionado radicalmente, “no pedimos un favor, ofrecemos una oportunidad de mejora competitiva”. Con este enfoque, el perfil de los candidatos se adecúa a las ofertas de empleo, teniendo en cuenta que las personas con discapacidad destacan por aportar una mayor resiliencia, compromiso y baja rotación, “valores escasos hoy en día”, señala la coordinadora. A todo este trabajo se añade que es el equipo de Oretania Ciudad Real el encargado de realizar el papeleo y tramitación de las subvenciones, y de hacer el seguimiento de las tareas del nuevo empleado facilitando la gestión con Recursos Humanos.
Esa dimensión humana es la que, según Judith, marca la diferencia del proyecto. No se trabaja con expedientes, trabajamos con nombres y apellidos, afirma. “Esa implicación personal hace que no nos rindamos ante una inserción difícil, y eso se nota en las estadísticas”, destaca. El equipo no solo prepara a las personas para el empleo, sino que también acompaña a las empresas, rompe prejuicios y adapta entornos. Porque, insiste, muchas de las barreras no están en las capacidades de las personas, sino en el contexto: un escalón, una web no accesible o una idea preconcebida.
Una de los valores añadidos más significativos de este proyecto, es que en Oretania Ciudad Real se conocen profundamente las patologías y necesidades específicas de la discapacidad física, orgánica y sensorial, “algo que los programas de empleo genéricos no suelen cubrir”, indica Judith. “No solo preparamos al usuario, sino que realizamos un asesoramiento directo a las empresas sobre incentivos, normativa de reserva del 2% y adaptaciones del puesto”, actuando como mediadores en todo momento.
Detrás del programa que cada año atiende a unas 150 personas con discapacidad en la provincia hay mucho más que orientación laboral o intermediación con empresas. Hay, según cuenta, un proceso emocional que empieza mucho antes de enviar un currículum. Muchas personas llegan tras años de rechazos. Han interiorizado que no son válidas, y nuestro primer trabajo es desmontar esa idea, explica.
Uno de los casos que más le han marcado —aunque mantiene el anonimato— es el de una mujer con gran discapacidad física en una zona rural de Ciudad Real. Llevaba años fuera del mercado laboral, con una autoestima muy deteriorada, por lo que el itinerario personalizado comenzó con su empoderamiento y alfabetización digital. ¿El resultado? “Tras mediar con la empresa para asegurar la accesibilidad del puesto, consiguió un contrato estable. Hoy, no solo tiene independencia económica, sino que se ha convertido en un referente de inclusión en su propia localidad, demostrando que, con los apoyos adecuados, la discapacidad no limita el talento”. Con este contrato, se recuperó la confianza de la usuaria y volvió a sentirse parte activa de la sociedad.
Barreras en el acceso al mercado
Siempre que hablamos de mujeres con discapacidad en búsqueda de empleo detectamos una doble o triple barrera ya que sufren una mayor tasa de inactividad y precariedad laboral debido a la intersección de género y discapacidad, recuerda Judith y, además, si hablamos de personas con gran discapacidad o necesidades de apoyo extensas, se detectan reticencias iniciales para su contratación en las empresas.
Para combatir estas dificultades, el discurso que Judith y sus compañeras realizan con las empresas es firme: “La discapacidad es solo una circunstancia, no una limitación del talento. Al no contar con este colectivo, están perdiendo a personas con una capacidad de superación y una lealtad a la empresa superiores a la media. Le presentamos un candidato por sus competencias, no por su certificado. La verdadera inclusión no es solo un acto de justicia social, es una decisión inteligente para su cuenta de resultados”.
Y es que es cuestión de justicia social y sostenibilidad económica, señala Judith. “En una sociedad en la que prevalece el envejecimiento y el talento escasea, las empresas no pueden permitirse el lujo de ignorar a un sector de la población que quiere y puede trabajar. La inclusión sociolaboral es el motor que permite a una persona pasar de ser ‘receptora de ayudas’ a ser contribuyente activa, recuperando su dignidad y autonomía. Sin empleo, la integración real en la comunidad es un espejismo”.
En su día a día también se enfrentan a retos como la brecha digital, el acceso al empleo en el entorno rural o el impacto de la salud mental. Aun así, mantienen una visión optimista, basada en los pequeños avances y en cada historia de éxito que demuestra que el cambio es posible.
A lo largo de los años, su propia mirada ha cambiado profundamente. Ha aprendido que la discapacidad es solo una característica más. Con los apoyos adecuados, no define el límite de nadie. Esa evolución personal ha ido de la mano de su crecimiento profesional, en una carrera que describe como “de fondo”, construida paso a paso hasta asumir la dirección del servicio.
Crecimiento personal y profesional
A largo plazo, su aspiración es tan ambiciosa como reveladora: que su propio trabajo deje de ser necesario, señala, deseando que llegue un momento en el que las empresas diseñen sus puestos de forma universal y la inclusión sea automática. Hasta entonces, seguirá ejerciendo de puente entre talento y oportunidad.
Cuando mira hacia atrás, reconoce que la Judith de 20 años no imaginaba con detalle este camino, pero sí intuía que su vocación estaba en lo social. “Esa energía joven se ha transformado en una herramienta de gestión real que cambia vidas cada día en nuestra provincia”, dice con una mezcla de humildad y orgullo.
Enfocada en su trabajo como profesional de la inclusión, su meta no es solo “colocar” personas en puestos de trabajo, sino transformar estructuras. Por ello, a medio plazo se ve consolidando alianzas estratégicas con la administración pública y grandes empresas de la región para que la inclusión sea automática, no una excepción. A largo plazo, aspira que su rol como “mediadora” sea innecesario porque las empresas diseñen sus puestos de trabajo de forma universal. Será entonces cuando su carrera pueda evolucionar hacia “la consultoría de diversidad y la incidencia en políticas sociales”.
Lo que debe saber la sociedad sobre las personas con discapacidad
“La discapacidad es una circunstancia, pero el talento es una competencia”, señala Judith, que agrega que “las personas que atendemos en Oretania Ciudad Real han tenido que desarrollar una capacidad de adaptación, una resiliencia y una creatividad para resolver problemas cotidianos que cualquier empresa desearía en su plantilla. No pedimos que se les contrate por solidaridad, sino por su valor real. Una empresa diversa es una empresa más humana, más innovadora y, sobre todo, mucho más parecida a la realidad del mundo en el que vivimos”.
Tras su aprendizaje ‘a pie de calle’, conociendo las historias de los usuarios, sus miedos y sus barreras, fue asumiendo roles de prospección de empresas y diseño de itinerarios, entendiendo que la inclusión necesita tanto corazón como estrategia profesional. Su llegada a la dirección del Servicio de Inclusión Laboral fue un paso natural “para coordinar un equipo que cree en lo mismo que yo: que el empleo es la llave de la libertad”.
Antes de terminar, Judith resume en una frase lo que ha aprendido tras años de experiencia: “El talento es como el agua: siempre encuentra su camino si no le pones un muro delante”. Y en ese camino, su labor consiste, precisamente, en derribar esos muros. “El talento no entiende de certificados, entiende de actitud y oportunidad”.
Mensaje final
“No te fijes en lo que una persona no puede hacer, sino en todo lo que es capaz de lograr cuando se le da la herramienta adecuada. La discapacidad es solo una parte de la identidad de alguien, pero su capacidad de trabajo, su ilusión y su talento son lo que realmente define su futuro. Apostar por la inclusión no es hacer un favor, es construir una sociedad donde todos sumamos”.
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